Hoy, 27 de noviembre quiero hablar de mis maestros y maestras de escuela.
Yo empecé a ir a la escuela en el año 1968. La llamábamos la escuela de "los cagones". Mi pueblo era de los pocos que tenían "parvulitos" porque en la mayoría los niños no entraban en el cole hasta los 6 años.
De hecho, no estabamos en el colegio sino en una casa habilitada como escuela. Tengo recuerdos vagos de esta etapa de mi vida. Mi maestra era Doña Mari. Era muy buena con nosotros, la queríamos mucho. Recuerdo que aprendí muchas canciones con ella y muchos juegos. Pero no solo hacíamos esto porque allí, con ella, aprendí a leer y escribir.
Luego con seis años pasé a 1º y ya fui al colegio de verdad. Ese año me tocó con Doña Cándida, que no hacía honor a su nombre precisamente pues era muy severa con nosotros, nos castigaba si llegábamos tarde o no nos sabíamos el catecismo o hacíamos mal algúna muestra o tarea. Francamente no tengo buen recuerdo de ella.
Sin embargo al año siguiente, en segundo mi maestra fue Doña Elena. Otra vez, cómo no había aula disponible en el colegio nos habilitaron una en las "escuelas parroquiales". De este curso tengo muy buenos recuerdos también, aprendí a sumar, a restar, a multiplicar y a dividir, estas últimas hasta por dos cifras y las sumas hasta de 3 dígitos y cuatro sumandos y las restas también de 3 dígitos.
Lo que menos nos gustaba de segundo era que los viernes había que barrer y fregar la escuela y el pasillo, porque allí no venía la limpiadora. La maestra nos puso turnos de dos niños cada semana y a mi creo que me tocó dos o tres veces en todo el curso, pero es que pasábamos mucho miedo porque creíamos a pies juntillas que en la habitación del fondo del pasillo había un fantasma y ninguno queríamos limpiar esa parte, lo echabamos a suerte y al que le tocaba lo pasaba fatal. A mi me tocó una vez.
Y lo que más nos gustaba era las excursiones al campo que hacíamos los viernes por la tarde con Doña Elena cuando salía el día soleado. Por la tarde nos llevábamos la merienda a la escuela y en lugar de dar clase nos llevaba a los campos de alrededor del pueblo.
En tercer curso volví otra vez a la escuela y tuve de maestra a Doña Conchi. Con ella aprendí muchísimo y no solo de niña, también de adulta porque cuando hice las prácticas de la carrera fue una de mis tutoras. Lo primero que me dijo fue: " a los alumnos hay que darles una de cal y otra de arena". Y eso he intentado hacer toda mi carrera de docente. Pero lo que se le olvidó decirme es que los niños también nos dan a nosotros "dias de cal y dias de arena".
En cuarto curso me tocó con Don Julián del que también guardo un grato recuerdo junto con Don Nicanor que me dió en quinto curso. En cuarto aprendí mucha Geografía española y en 5º las conjugaciones verbales.
Luego pasé a lo que llamábamos entonces el ciclo superior y cambiamos de edificio y de metodología de enseñanza. Hasta quinto, el tutor que nos tocaba nos impartía todas las asignaturas. A partir de 6º curso, cada maestro nos enseñaba un área distinta. Así Doña Maribel enseñaba Ciencias Sociales; Don Tomás, Matemáticas y Dibujo; Don José, Lengua Castellana; Don Pedro, Francés y Doña Maricruz, Ciencias Naturales. La religión nos la enseñaba el cura. Teníamos una hora de Educación Física a la semana que nos la impartía Doña Maribel. Pero en realidad no necesitábamos más horas de deporte porque estábamos toda la tarde en la calle jugando a juegos tradicionales y además cada estación tenía los suyos propios.
Con Doña Maribel aprendí Historia, Geografía y a presentar los deberes de forma limpia, ordenada, con buena caligrafía, respetando los márgenes...Lo que me sirvió después en bachillerato, ya que entonces no teníamos ordenadores, ni máquina de escribir y los trabajos que nos mandaban los profesores se presentaban "a mano".
Don Tomás tenía un caracter dificil, pero explicaba las Matemáticas muy bien. Al menos a mi me resultaba muy facil entenderlas. De hecho ha sido el mejor profesor de esta materia que he tenido. Con el aprendí las ecuaciones de 1º y 2º grado, con una y dos incognitas y los sistemas de ecuaciones. Y también a entender y resolver problemas de todo tipo y las representaciones cartesianas. En fin, me dió clases hasta octavo curso así que tuve tiempo de aprender mucho.
Yo he estudiado Francés, que era lo que nos enseñaban entonces y la verdad es que con Don Pedro aprendí mucho vocabulario, gramática, canciones, a escribir y traducir. Llevaba un nivel tan bueno que durante el bachillerato sacaba sobresaliente casi sin estudiar y es que nos lo había enseñado casi todo. De hecho, aunque lo tengo ya oxidado después de tantos años, si me esfuerzo un poco aún entiendo bastante del Francés. Ahora se ha impuesto estudiar Inglés como norma pero el Francés es más bonito al oído y se aprende mejor porque la estructura de estudio es igual que la de la Lengua Castellana.
De todos ellos guardo muy buen recuerdo, así cómo de mis años pasados en la escuela. Muchos de mis maestros ya no están con nosotros hace tiempo y los que aún viven disfrutan de una tranquila vejez. Vaya para ellos mi recuerdo y homenaje en este día del maestro y mi agradecimiento porque ellos me inculcaron el amor a los libros y sembraron en mi la vocación de maestra.
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