Durante el mes de noviembre realicé otro curso intensivo de nuevas tecnologías. Era la continuación del que hablé en la 1º parte de esta entrada. Se titula: "Enriquecimiento del libro digital" Y el ponente ha sido el mismo de los dos primeros días del curso anterior.
Debo reconocer que este curso me ha gustado mucho más y por varias razones obvias por cierto.
En primer lugar, nos han enseñado más despacio y con práctica contínua, los contenidos que nos dieron rápidamente en el curso anterior.
En segundo lugar, la atención individualizada nos ha permitido entender y hacer mejor las actividades prácticas propuestas.
Ha sido un curso intensivo. Es decir, tres días seguidos, de cinco a ocho de la tarde, sin descanso, delante de un ordenador. Lo que hace que al final acabemos, o al menos yo acabo, con tal saturación mental, que no me da gana de, cuando llego a casa, seguir con el mismo tema otra vez.
Esta es el fallo que yo les pongo a los cursos de nuevas tecnologías, que para aprender bien a realizar lo que en ellos nos enseñan, hay que dedicarles después mucho tiempo extra, leerse de nuevo los tutoriales, realizar muchos intentos hasta que se aprende bien y luego aplicarlo a nuestra práctica docente, si nos sirve.
Me comentaba una compañera de curso que los docentes debemos hacer la formación en nuestro tiempo libre, mientras que esto no ocurre en otros colectivos. Incluso dentro de la docencia, por ejemplo los catedráticos de universidad cuando hacen algún curso tienen a una persona que imparte sus clases ya que la formación es parte de su trabajo. Así debería ser en todos los niveles educativos. Sin embargo cuánto más bajo es el nivel educativo, mayor es la exigencia de formación y menor es el tiempo de trabajo que se nos permite dedicar a ello.
Y tiene toda la razón mi compañera de curso. Yo no voy a dejar de dar mis clases por hacer un curso. No soy partidaria de eso. Pero si me gustaría que se pudieran descontar esas horas de las de permanencia en el centro sin docencia directa.
Se puede entender que un maestro tiene otras tareas, además de la formación, que tiene que hacer a diario en su casa, como por ejemplo, corregir exámenes o controles y que es dificil llevar a cabo si llega a casa a las ocho de la tarde. Y también está la conciliación familiar. ¡Que nosotros también tenemos familia! Así que con estas dificultades no debe de extrañar a nadie que solo hagamos las horas de formación obligatorias y que muchos cursos, como en el que yo he estado, lo hayamos hecho 8 personas cuando el nº de asistentes es de 25.
Ahora que estamos en plena campaña electoral de unas elecciones generales oigo a los diferentes partidos hacer muchas propuestas para mejorar la calidad de nuestro sistema educativo, todos tienen muy buenas intenciones y muy buena disposición, pero ya se por experiencias anteriores que una vez que llegan a gobernar ( cualquiera que llegue) se olvidan totalmente de todo y creen que con hacer una nueva ley educativa está todo solucionado y esto también hemos visto a lo largo de los años que no es la solución.
Yo no tengo la solución, ni voy a decir que sería para mi la mejor manera de mejorar la educación, aunque perfectamente me puedo poner a dar recetas y soluciones y seguro que lo hago mejor porque sé de lo que hablo. Lo que si voy es a hacer una recomendación a los políticos aunque no la lea ninguno y es la siguiente:
" En educación los problemas hay que ir solucionándolos uno a uno ya que somos un colectivo (alumnos, maestros y padres) con intereses muy variopintos y realidades sociales-familiares muy distintas de tal manera que lo que me beneficia a mí, le perjudica a otro y es muy dificil complacer a todo el mundo, se necesita mucha negociación".
Debo reconocer que este curso me ha gustado mucho más y por varias razones obvias por cierto.
En primer lugar, nos han enseñado más despacio y con práctica contínua, los contenidos que nos dieron rápidamente en el curso anterior.
En segundo lugar, la atención individualizada nos ha permitido entender y hacer mejor las actividades prácticas propuestas.
Ha sido un curso intensivo. Es decir, tres días seguidos, de cinco a ocho de la tarde, sin descanso, delante de un ordenador. Lo que hace que al final acabemos, o al menos yo acabo, con tal saturación mental, que no me da gana de, cuando llego a casa, seguir con el mismo tema otra vez.
Esta es el fallo que yo les pongo a los cursos de nuevas tecnologías, que para aprender bien a realizar lo que en ellos nos enseñan, hay que dedicarles después mucho tiempo extra, leerse de nuevo los tutoriales, realizar muchos intentos hasta que se aprende bien y luego aplicarlo a nuestra práctica docente, si nos sirve.
Me comentaba una compañera de curso que los docentes debemos hacer la formación en nuestro tiempo libre, mientras que esto no ocurre en otros colectivos. Incluso dentro de la docencia, por ejemplo los catedráticos de universidad cuando hacen algún curso tienen a una persona que imparte sus clases ya que la formación es parte de su trabajo. Así debería ser en todos los niveles educativos. Sin embargo cuánto más bajo es el nivel educativo, mayor es la exigencia de formación y menor es el tiempo de trabajo que se nos permite dedicar a ello.
Y tiene toda la razón mi compañera de curso. Yo no voy a dejar de dar mis clases por hacer un curso. No soy partidaria de eso. Pero si me gustaría que se pudieran descontar esas horas de las de permanencia en el centro sin docencia directa.
Se puede entender que un maestro tiene otras tareas, además de la formación, que tiene que hacer a diario en su casa, como por ejemplo, corregir exámenes o controles y que es dificil llevar a cabo si llega a casa a las ocho de la tarde. Y también está la conciliación familiar. ¡Que nosotros también tenemos familia! Así que con estas dificultades no debe de extrañar a nadie que solo hagamos las horas de formación obligatorias y que muchos cursos, como en el que yo he estado, lo hayamos hecho 8 personas cuando el nº de asistentes es de 25.
Ahora que estamos en plena campaña electoral de unas elecciones generales oigo a los diferentes partidos hacer muchas propuestas para mejorar la calidad de nuestro sistema educativo, todos tienen muy buenas intenciones y muy buena disposición, pero ya se por experiencias anteriores que una vez que llegan a gobernar ( cualquiera que llegue) se olvidan totalmente de todo y creen que con hacer una nueva ley educativa está todo solucionado y esto también hemos visto a lo largo de los años que no es la solución.
Yo no tengo la solución, ni voy a decir que sería para mi la mejor manera de mejorar la educación, aunque perfectamente me puedo poner a dar recetas y soluciones y seguro que lo hago mejor porque sé de lo que hablo. Lo que si voy es a hacer una recomendación a los políticos aunque no la lea ninguno y es la siguiente:
" En educación los problemas hay que ir solucionándolos uno a uno ya que somos un colectivo (alumnos, maestros y padres) con intereses muy variopintos y realidades sociales-familiares muy distintas de tal manera que lo que me beneficia a mí, le perjudica a otro y es muy dificil complacer a todo el mundo, se necesita mucha negociación".
Comentarios
Publicar un comentario